Somos humanos #NuestrosHéroes

Eran las 12 de la mañana. No había nadie en la plaza del pueblo.
Las horas habían pasado tranquilas en mi turno de mañana que había comenzado bien temprano este día de cuarentena. Ya había perdido la cuenta de los días que habían pasado desde el inicio del estado de alerta. La cuarentena parecía lo normal frente a esos días bulliciosos de un pasado cercano que cada vez más se me antojaba muy remoto.

Una mujer comenzó a romper esa monotonía cruzando la calle de forma apresurada. Caminaba con prisa, con la cara desencajada, como si llevara por dentro una pena que estuviera a punto de estallar.
Mi compañero Luis y yo nos adelantamos a interceptarla. Le preguntamos adonde iba. Ella tardó unos segundos en contestarnos como si no pudiera expresarse correctamente. Nos dijo que se dirigía al ayuntamiento. Le contestamos que se encontraba cerrado por la alerta sanitaria y que debía volver a su casa. Y entonces, como si se rompiera un dique de emociones en ella, comenzaron a brotar lágrimas a la vez que nos contaba que tenía que ir a Asuntos sociales, no tenía comida para sus hijos. Su marido estaba en el paro y no tenían dinero. No paraba de repetir que necesitaba hablar con Asuntos sociales.

Nos mantuvimos fríos y con una gran desazón le dijimos que debía volver a su casa. Nosotros la acompañamos y tomamos sus datos para ponernos personalmente en contacto con el ayuntamiento.

Al acabar nuestro turno Luis y yo decidimos ir al ultramarinos a comprar alimentos básicos: macarrones, salsa de tomate, pan, aceite, …

Fuimos a entregar la comida y jamás olvidaremos la cara de agradecimiento de esa mujer y su familia.

La burocracia es lenta. Somos humanos y estamos aquí para salvar vidas.