De Wikileaks a la era Trump
Wikileaks marcó un antes y un después en la forma de entender el poder, la diplomacia y la transparencia. Lo que comenzó como una plataforma destinada a sacar a la luz información que los gobiernos preferían mantener en la sombra terminó convirtiéndose en uno de los mayores terremotos políticos y diplomáticos del siglo XXI. Y, como era de esperar, Estados Unidos fue uno de los países más afectados.
Más allá del escándalo, los cables diplomáticos filtrados ofrecieron algo especialmente valioso: una radiografía cruda y sin maquillaje de cómo la inteligencia y la diplomacia estadounidenses perciben al resto del mundo. España, aunque no protagonista principal, aparece mencionada en miles de documentos que permiten entender su papel real en el tablero internacional.
La reacción inicial de Estados Unidos ante Wikileaks fue reveladora. En lugar de asumir fallos estructurales en su sistema de información y seguridad, el foco se puso en “cazar al mensajero”. Julian Assange pasó a ser el enemigo público mientras el debate de fondo (qué decían realmente esos cables) quedaba en segundo plano.
Sin embargo, los documentos no revelaban conspiraciones cinematográficas, sino algo mucho más interesante: opiniones francas de diplomáticos estadounidenses sobre los países en los que estaban destinados. Opiniones internas, sin filtros políticos ni discursos oficiales.
España vista desde Washington: pragmatismo y previsibilidad
Los cables relacionados con España muestran una visión bastante pragmática. Para la inteligencia estadounidense, nuestro país no es un actor imprevisible, sino un socio fiable, aunque secundario, dentro de la estructura de poder occidental.
Algunos puntos destacados de esos informes incluyen:
- El intento de frenar el caso José Couso, interpretado como una muestra de alineamiento del gobierno español con los intereses de Estados Unidos.
- José Luis Rodríguez Zapatero es descrito como “un felino en la jungla”, una metáfora que apunta a su capacidad de adaptación política más que a un liderazgo fuerte.
- José María Aznar aparece como una figura siempre disponible para volver a escena si la situación política lo exigía. Un comodín para casi todo.
- Francisco Camps fue considerado en su momento como un posible sucesor de Mariano Rajoy, lo que demuestra el nivel de detalle con el que se seguía la política interna española.
Nada especialmente sorprendente, pero sí revelador: España es observada con atención, aunque rara vez con preocupación.
Los verdaderos intereses estratégicos de EE. UU. en España
Donde los cables se vuelven realmente interesantes es en el terreno geoestratégico. Para Estados Unidos, España importa menos por su política interna y más por su posición y activos estratégicos clave.
Los documentos destacan tres puntos fundamentales:
- El estrecho de Gibraltar, una de las zonas más críticas para el control del tráfico marítimo global y militar.
- El gasoducto Magreb-Europa, infraestructura clave que conecta los yacimientos argelinos con Europa atravesando Marruecos y el estrecho, vital para la seguridad energética del continente. Desde entonces se ha abierto otro enlace directo de Argelia y España. Las relaciones entre Argelia y Marruecos no son precisamente buenas.
- La farmacéutica catalana Grifols, de gran interés por su liderazgo en hemoderivados, un sector estratégico tanto a nivel sanitario como geopolítico.
Estos elementos confirman que, para Washington, España es ante todo un nodo logístico, energético y sanitario de alto valor.
De Wikileaks a Trump: ¿qué ha cambiado?
Con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, el discurso político estadounidense se volvió más brusco, unilateral y transaccional. Sin embargo, la visión estructural de la inteligencia estadounidense apenas cambió. Más allá del ruido mediático, los intereses estratégicos siguen siendo los mismos.
España continúa siendo vista como un aliado estable, predecible y útil, pero no decisivo. Un país que rara vez lidera, pero que resulta clave en momentos críticos por su posición geográfica y sus infraestructuras.
Lo que aún no sabemos
Marruecos gracias al dinero extraído de los fosfatos del Sáhara occidental ha estado untando tanto a demócratas como a republicanos estadounidenses. Los resultados son el actual cambio de actitud del gobierno de España y su alineación con Estados unidos. También se ha hablado del uso de software israelí por parte de Marruecos para piratear el móvil de Pedro Sánchez y proceder a chantajearlo. Quizás algún día sepamos la veracidad o falsedad de esta información.
Trump quiere deshacerse de todos los gastos que no generan dinero. Se ha ido de organizaciones humanitarias relacionadas con la ONU por ejemplo. No hace lo mismo con la OTAN porque ha generado una plusvalía para que los gobiernos europeos compren armamento americano. La negativa del gobierno español podría generar una estructura de dominó de países que tampoco cumplan con el 5% de gasto en militarización. España tampoco ha comprado los F-35 que dan un soporte muy malo para aquellos no americanos.
El genocidio de Israel también ha generado fricción. Hay una investigación por parte de la Comisión Marítima Federal de EE.UU. sobre denuncias de prácticas portuarias españolas (por ejemplo, negar acceso a barcos de bandera estadounidense que se dirigen con armamento hacia Israel) ha escalado la disputa comercial y diplomática.
Conflico Venezuela: España ha denunciado el rechazo de los americanos a derecho internacional y a su neocolonialismo.
Huawei y seguridad tecnológica: España ha tomado decisiones relacionadas con infraestructura tecnológica (por ejemplo, proveedores chinos) que han sido miradas con recelo por Washington.
El futuro
Wikileaks nos enseñó que la verdad, tarde o temprano, siempre encuentra una grieta por la que salir. También dejó claro que, detrás de los discursos oficiales, la política internacional se basa en intereses, pragmatismo y control estratégico.
En la era Trump (y probablemente más allá) España sigue ocupando un lugar discreto pero relevante en la mente de la inteligencia estadounidense: no como protagonista, sino como pieza necesaria en un tablero mucho más grande.
Nunca hay que olvidar el desastre del 98 en el que los norteamericanos se quedaron con Cuba, Puerto Rico, Filipinas, Guam… a raíz de inventarse un supuesto ataque español a uno de sus barcos. Una vez más se inventaron una guerra con un fin económico y geopolítico a través de la mentira.