¿La inteligencia artificial nos hace más tontos?

El Bucle infinito de la IA

Últimamente mi vida se ha convertido en un bucle de correos generados por Inteligencia Artificial.

Recibo muchos correos, tanto de clientes como de compañeros de trabajo, que claramente han sido escritos (o al menos redactados) por una IA.

Y no es que tenga nada contra la IA. El problema es que, en muchos casos, se nota que la persona que me envía el correo no entiende del todo lo que está enviando e incluso no entiende nada.

Hay correos de más de 30 líneas que podrían resumirse en una frase. Correos llenos de términos técnicos que no vienen a cuento. Respuestas que parecen razonables hasta que intentas averiguar qué te están pidiendo exactamente y descubres que todo es humo o imaginación de algo o alguien que no entiende sobre la materia en cuestión.

Y entonces pienso:

¿Pero qué se supone que tengo que hacer con esto?

Mi primera reacción sería cancelar a esa persona, ponerla en bloqueados y marcar el correo como spam.

Pero no puedo.

Son clientes. O compañeros de trabajo.

Así que entro en el bucle.

Copio el correo.

Lo pego en una IA.

Le digo que analice lo que me están pidiendo y que me prepare una respuesta.

La IA me devuelve un correo perfectamente estructurado, educado y con una cantidad ingente de palabras  equiparable al correo inicial recibido.

Y entonces tengo que leerlo entero. Armarme de valor y llevarme las manos a la cabeza cuando veo algo estúpido y sin sentido que sé que ningún humano ha escrito.

Porque, sorpresa, también tengo que comprobar que la respuesta tenga sentido. Mi propia IA no le da el sentido adecuado o no entiende por ejemplo que comprar enlaces es algo común en el mundo SEO y no algo que solo hace el anticristo.

Es decir, no me he ahorrado el trabajo.

He conseguido transformar un correo absurdo en dos correos absurdos y una tarea adicional de revisión.

Se podría decir que les pago con la misma moneda.

Pero no es así.

La persona que me escribió probablemente ha conseguido escribir el correo más rápido.

Yo, en cambio, ahora tengo que procesar su correo, procesar mi respuesta generada por IA y después procesar mentalmente ambas para asegurarme de que no estamos construyendo una conversación entre dos modelos de lenguaje que casualmente tienen humanos en copia. y una cosa muy importante no meterse ni con el cliente ni con el compañero y no ponerles en mal lugar.

Y esto me lleva a una pregunta:

¿Todavía hay gente que piensa que utilizar la inteligencia artificial significa eliminar tareas absurdas?

Porque muchas veces ocurre exactamente lo contrario.

La IA no elimina el absurdo.

Lo automatiza.

Y después alguien tiene que revisar el resultado.

El problema no es la IA, es no saber qué quieres

Esto me recuerda muchísimo a algo que ocurre en SEO.

Por ejemplo, imagina que un cliente quiere posicionarse para determinadas palabras clave informacionales.

Sobre el papel parece una buena idea.

Hay búsquedas.

Hay volumen.

La herramienta SEO dice que esa keyword tiene potencial.

Así que vamos a por ella.

El problema llega cuando preguntas:

¿Y qué tiene que ver esa búsqueda con el producto o servicio que vendemos?

Ahí empiezan los problemas.

Porque una cosa es conseguir tráfico y otra muy diferente conseguir tráfico que tenga algún sentido para un negocio.

Puedes conseguir que una empresa de software aparezca para una búsqueda como:

«qué es un CRM»

Perfecto.

Tiene sentido.

Pero quizá el cliente quiere ir mucho más allá y posicionarse para:

«ejemplos de CRM»

«tipos de CRM»

«qué es un CRM y para qué sirve»

«CRM ventajas y desventajas»

«mejor CRM para pequeñas empresas»

Y empiezas a producir contenido.

Un artículo.

Otro.

Otro.

Otro.

La gráfica de tráfico empieza a crecer.

Todo parece ir bien.

Hasta que preguntas:

¿Cuántas de esas personas tienen alguna posibilidad real de comprar nuestro producto?

Y entonces descubres que llevamos meses optimizando una máquina cuyo objetivo es llevar usuarios a una web, no conseguir clientes.

Es el mismo problema.

Hemos automatizado una parte del proceso sin cuestionarnos si el proceso tenía sentido.

El SEO del disavow mensual

Hace tiempo escribí sobre otro de estos bucles absurdos: el disavow mensual basado en los backlinks «tóxicos» que detectan determinadas herramientas SEO.

El funcionamiento es casi cómico.

Una herramienta analiza los enlaces que apuntan a tu web.

Su algoritmo decide cuáles parecen sospechosos.

El especialista SEO coge esa información y la pasa al algoritmo de Google mediante un archivo de disavow.

Es decir:

Algoritmo → SEO → algoritmo.

Y todo esto con la esperanza de que el segundo algoritmo esté de acuerdo con el primero.

No digo que todas las herramientas o todos los casos de disavow funcionen así, ni que nunca haya una razón legítima para utilizarlo ¿?

El problema es la automatización sin criterio.

Si la herramienta te dice que 347 enlaces son «tóxicos», no significa automáticamente que tengas que hacer algo con esos 347 enlaces.

Google ya sabe lo que tiene que hacer con ellos y seguro que tendrá 600 0 700 y no esa otra cifra que te indica Semrush.

Y aquí está probablemente el patrón común entre los correos generados por IA, el SEO y muchas otras aplicaciones de la automatización:

confundimos una recomendación automática con una respuesta.

El bucle de la palabra clave

Otro ejemplo bastante habitual en SEO es el de las palabras clave informacionales que se convierten en objetivos comerciales simplemente porque tienen búsquedas.

Imagina que vendes zapatillas para correr.

Una herramienta descubre que existe un volumen interesante para:

«cuánto pesa una zapatilla de running»

Magnífico.

Podemos escribir un artículo.

Después aparece:

«cómo lavar zapatillas de running»

También podemos escribir otro.

Luego:

«cuánto duran unas zapatillas de running»

Otro artículo.

Y así sucesivamente.

Hasta que alguien mira Google Analytics, Search Console o cualquier herramienta de analítica y descubre que tenemos miles de visitas de personas que querían saber cuánto pesa una zapatilla.

Pero no querían comprar una.

Automatizar no es pensar

Creo que este es el punto que más me interesa de todo esto.

No tengo ningún problema con utilizar IA para escribir un correo.

Ni para resumir un documento.

Ni para analizar una lista de palabras clave.

Ni para detectar patrones en una cantidad enorme de datos.

El problema aparece cuando dejamos que la herramienta tome la decisión que nosotros deberíamos haber tomado antes.

Porque entonces el proceso queda así:

Problema → herramienta → resultado → revisión del resultado.

Cuando quizá debería ser:

Problema → pensar → decidir → herramienta → resultado.

La IA puede ahorrarnos muchísimo trabajo.

Pero primero tenemos que saber qué trabajo merece la pena hacer.

Porque si no, acabamos utilizando una tecnología tremendamente sofisticada para conseguir algo bastante ridículo:

hacer más rápido cosas que no deberíamos estar haciendo.

Y entonces volvemos al principio.

Recibo un correo generado por IA.

Lo copio.

Lo pego en otra IA.

Genero una respuesta.

La reviso.

La envío.

Y espero.

Quizá dentro de unas horas recibiré otro correo generado por IA.

Y volveremos a empezar.

Bienvenidos al futuro.

O al menos al futuro de mi bandeja de entrada.

 

La inteligencia artificial nos hace ser más tontos puestos que en muchos momentos dejamos de pensar.

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